El encuentro de este hombre con esta mujer muestra por qué no debemos juzgar el libro por su portada.

¿Cómo hubieras reaccionado?

Lamentablemente, en pleno siglo XXI, muchas personas continúan juzgando a otras por la apariencia, tal parece que una parte de la sociedad no se cansa de seguir estereotipos. Lo cierto es que ninguna persona vale más que otra, mucho menos la apariencia determina nuestro valor, esto es completamente absurdo.



La siguiente historia que te contaremos, habla precisamente de la manera en que algunos juzgan el exterior, dejando al lado al ser maravilloso que puede existir por dentro. Debemos tener siempre presente que a las personas se les debe de amar por lo que son, no por lo que tienen (materialmente) o poseen (físicamente). 



Hace tiempo, un hombre que se disponía a viajar a Florida en avión, al abordarlo toma su asiento justo al lado de la ventana. Pero luego, cuando una mujer con sobrepeso se sienta junto a él, cree que su tortura ha iniciado y que no pudo haberle pasado algo peor.

-¡Hola!, ¿cómo estás?-, preguntó la mujer sonriendo mientras se sentó a mi lado. Se sentó torpemente y cuando lo logró, presionó su trasero en la silla. Llenó todo el espacio que había e incluso me sentí un poco apretado en mi asiento.

No conforme con ello, se dispuso a poner su enorme brazo en nuestro apoyabrazos. Su tamaño ocupó cada centímetro disponible e hizo que me tuviera que recostar contra la ventana, más bien pegar a ella. Se inclinó hacia mí otra vez y repitió su saludo con una voz alegre y amable, lo cual me obligó a dar la vuelta y mirarla. “Hola”, le respondí con una voz claramente fría e indiferente.

Me giré hacia la ventanilla otra vez, disgustado, pensando en todas las horas que tenía que estar al lado de ese monstruo respirando el oxígeno de todos los pasajeros a bordo.

Ella empujó mi brazo con el suyo, el cual era sumamente exagerado: -Mi nombre es Anna. Soy del Reino Unido. ¿Y tú, de dónde eres?-, dijo.
-Malasia-, murmuré, apenas logró escucharme.

-Lamento mucho el que tengas poco espacio, tal vez te sientes un poco incómodo pero me gustaría ofrecerte disculpas, ¿las aceptarías? Creo que vamos a pasar aproximadamente 5 horas en este vuelo, ¡juntos! y de verdad me gustaría que fuéramos amigos ¿te parece?-, me dijo ofreciéndome su mano, la cual tomé de mala gana.

Anna inició una conversación sin importarle el poco interés que yo demostraba y los gestos amargos en mi cara. Ella habló con gran entusiasmo sobre sí misma y me relató un poco sobre su viaje a Florida, en donde se encontraría con amigos. Luego empezó a hablar y hablar sobre sus alumnos y todos los detalles que compraría para ellos, lo cual verdaderamente me sorprendió pues son pocos los profesores que tienen este tipo de gestos.

Aunque Anna no era aburrida, no participaba del todo en la conversación, excepto cuando hacía preguntas sobre mí. Me portaba frío e indiferente, pero a pesar de ello, Anna seguía hablando con gran entusiasmo y hacía comentarios positivos cuando yo le respondía algún cuestionamiento. Su voz era cálida, dulce y muy suave. Cuando nos sirvieron la bebida y la comida, ella se mostró muy amable por dejarme un espacio que me permitiera moverme con facilidad.
-¡Yo no quiero molestarte con mi tamaño de elefante!-, dijo con sinceridad y un toque de gracia.

Sorprendentemente, mi semblante comenzó a cambiar a medida que la charla avanzaba. No pude evitarlo, pero poco a poco fui bajando la guardia.
Era interesante hablar con ella. Lo que hablaba demostraba que era una mujer muy inteligente y leída, sabía mucho sobre filosofía y ciencias naturales. Ella podría transformar un tema que se sentía completamente aburrido en algo muy interesante, lo cual me intrigaba aún más.

Sus comentarios eran divertidos y verdaderamente me inspiraban. Nuestra conversación llegó a temas culturales, quedé sorprendido de sus comentarios tan inteligentes y acertados.

Mientras charlábamos, Anna lograba sacarle una sonrisa a todas las personas del personal que pasaban por nuestro lado.

Cuando una azafata recogió nuestros platos, Anna hizo varios chistes sobre su tamaño e hizo que la azafata riera a carcajadas. Al fin la azafata tomó la mano de Anna y la abrazó, -eres magnífica, contagias en verdad con tu gran hurmor-, le dijo la azafata.
 -¿Alguna vez ha pensado en perder peso?-, le pregunté a Laura sin la intención de ofenderla.

-En realidad no. Creo que he trabajado muy duro para ser la que soy. ¿Por qué o para qué cambiar?-, dijo ella.

-¿No estás preocupada por las enfermedades del corazón que vienen con el exceso de peso?-, insistí yo.

-Por supuesto que no. Solamente vas a tener esas enfermedades si todo el tiempo te preocupas por tu peso. Con frecuencia podemos ver anuncios de diferentes compañías sobre la pérdida de peso. Exponen cosas como: ¨Aléjate de tu equipaje extra para que puedas ser la que eres¨. Esas cosas son pura bobada. No puedes sentirte libre hasta que no te sientas segura y feliz contigo misma, no importa cómo te veas o como seas físicamente. ¿Por qué iba a tirar a la basura mí tiempo en diferentes dietas cuando tengo cosas mucho más importantes que hacer y tanta gente nueva por conocer? Aun no lo creas, la realidad es que yo como sano y camino mucho. Yo soy así de grande porque así nací. La vida es mucho más que preocuparse por el tamaño durante todo el día y torturarse de cómo eres-, expuso Anna.

Tomó un trago de su vino y continuó,  -por otro lado, Dios me ha dado tanta alegría que necesito un cuerpo más grande para que quepa dentro de mí. ¿Para qué tomar el riesgo de perder toda mi alegría a través de bajar de peso?-.

-La gente muchas veces me ve como una mujer gorda con un trasero grande, muslos grandes y un par de senos grandes. Me ven como una verdadera vaca y a la vez cómo una persona débil. Sin embargo, están muy equivocados-, dijo Laura mientras tomaba su copa de vino con la mano. -Por favor, ¿servirme un poco más de este maravilloso vino?-.
Anna sonrió dulcemente y le dijo a la azafata: -¨qué servicio tan eficaz y excelente, dan ganas de volver a viajar¨-.

Anna volteó la mirada hacia mí y dijo: -“en realidad soy una persona delgada en el interior. Estoy tan llena de energía que a las personas les resulta difícil seguir mi ritmo. ¡Yo tengo mis kilos extra para frenar la velocidad, o si no hubiera corrido como una loca y hubiera cazado a todos los hombres del mundo!”-.
-¿Los hombres te cazan?-, le pregunté y sonreí.

-Por supuesto que sí. Estoy felizmente casada, sin embargo, eso no es impedimento para que los hombres aún me hagan propuestas. La mayoría de ellos tienen problemas en sus relaciones y necesitan alguien en quien confiar. Por alguna razón les gusta hablar conmigo. Yo creo que debería trabajar dando terapias en lugar de clases, pero la realidad es que amo mi profesión-.

Tomó una pausa, pensó y luego dijo: -tú sabes, la relación entre hombres y mujeres es tan complicada. Las mujeres adoran a los hombres y los llaman ¨mi amor¨ hasta que se enteran de que los hombres les han mentido y entonces las mujeres se vuelven amargadas. Los hombres aman tanto a las mujeres que las ven como sus almas gemelas. Pero cuando miran sus tarjetas de crédito las mujeres se convierten en pequeños demonios para los hombres-, una confesión que sinceramente me causó mucha gracia, en realidad Anna era encantadora, tenía mucha chispa y un ángel al hablar.

La grandiosa conversación con Anna habían convertido este vuelo en algo increíble que sin duda volvería a repetir. Sinceramente, yo también había quedado fascinado con su manera de atraer a todas las personas. Cuando el aterrizaje se acercaba casi todo el personal estaba al lado de nuestras sillas escuchando y bromeando con Anna, lo cual no suele ser muy común y mucho menos en un avión. Curiosamente, los pasajeros a nuestros alrededores también participaban y se reían. Sin duda, Anna era una mujer que lograba contagiar a todos con su alegría.

Cuando tristemente llegó el final del vuelo, nos despedimos en la terminal, en el aeropuerto vi cómo ella caminaba hacia un grupo grande con adultos y niños que sonrieron mucho cuando la vieron llegar. Toda la multitud corría a abrazarla y besarla. Ella se volteó hacia mí, me miró dulcemente y me esbozó una gran sonrisa que no olvidaré.

Yo quedé completamente abrumado cuando me di cuenta de que Anna era la mujer más hermosa que había conocido en toda mi vida, me arrepentí de la manera más sincera de haberla juzgado por su apariencia.

Y tú, ¿juzgas por la apariencia o te das la oportunidad de conocer a las personas?

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